Las personas y su mala costumbre de hacer sentir ¨diferentes¨ a los demás.

No hay nada que duela más a una mujer que sus hijos, por eso cada vez que alguien se le quedaba viendo detenidamente a su pequeña hija quien tiene síndrome de down, Pamela de Almeida sentía punzadas de tristeza y rabia en el corazón pues no sabía lo que su hija sentía con esas miradas.

Aun cuando en la actualidad quienes padecen de una discapacidad son mayormente aceptados, aun hay personas que les da un trato muy diferente y es precisamente con lo que ha tenido que lidiar Pamela, aunque en ocasiones es imposible no molestarte por cómo pueden llegar a tratar a su pequeña hija.

En una ocasión se encontraba sentada en compañía de su hija en una cafetería cuando de repente comenzó a percatarse de miradas muy insistentes hacia la niña, además de escuchar murmullos sobre la pequeña por parte de dos mujeres, cuando se disponía a decirles algo una pareja se acercó, pensó que se le estaban uniendo a las dos mujeres pero era todo lo contrario, tenían una historia que contarle, misma con la que no podría evitar derramar lágrimas.

Pamela compartió en su blog cómo ocurrieron los hechos, estamos seguros de que tu también te conmoverás con esta anécdota:

¨Tengo dos bellas hijas, una de ellas nació con Síndrome de Down. Esta es nuestra historia, sin filtros ni ediciones.

Muchos podrían pensar que estoy acostumbrada a las miradas y los susurros que muchos le dedican a mi hija pero créanme, ningún padre se acostumbraría jamás a ello, llegas al punto de enfadarte tanto que deseas poner un alto, es precisamente lo que ocurrió hoy pero la situación tuvo un giro inesperado.

Hoy me encontraba con Sophia en Tim Horton cuando de repente dos mujeres comenzaron a mirarla de manera extraña y susurraban entre ellas. Incluso se acomodaban y estiraban para observarla mejor, algo que no sólo me incomodó sino que también me molestó mucho.

Justo cuando me disponía a decirles algo se acercó una pareja y pensé que también harían lo mismo que las dos mujeres, pero contrario a ello el hombre le dijo a Sophia que chocara esos cinco y le dio un apretón de manos, ella le sonrió dulcemente y le dio su manita. Él con lágrimas en los ojos volteó a verme y me dijo que quería compartirme una historia pero lamentaba si no podía evitar derramar lágrimas, algo que me intrigó bastante, no tenía idea de lo que me diría pero su confesión había despertado mi curiosidad.

Me comentó que hace días había visto en las noticias una entrevista a una madre que a pesar de la grave discapacidad que padecía su niño y a pesar de las recomendaciones de los médicos de no tenerlo, ella continuaba defendiendo su decisión de tenerlo, ella no quería quitarle la vida a su bebé, quería tenerlo con ella sin importar lo que los demás dijeran.

El continuó diciendo que nunca se sabría el impacto de una persona en el mundo si no se le daba la oportunidad. Antes de retirarse me miró fijamente y dijo lo siguiente: ¨¡Felicidades, tu y tu hija son unas personas maravillosas y hermosas¨.

No pude evitar llorar pues ese hombre era la primera persona en felicitarme por el nacimiento de Sophia, el primer desconocido en reconocer que ella vale igual que cualquier otra persona y que es hermosa. Entre toda la gente que sólo la observa como bicho raro y habla de ella, este hombre miró su importancia.

Esto para mi fue una gran lección y debería serlo para todos, pues todos los seres humanos sin importar lo pequeños que sean, tienen valor en la tierra, debemos animarnos los unos a los otros y hacernos ver la belleza única que existe en cada uno¨.

Debemos crear conciencia sobre la lucha que cada uno enfrenta, el mundo necesita más empatía, más amabilidad, ¡más humanidad!

Fuente consultada: Newsner

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