Aunque morderse las uñas pudiera parecer ser solo un mal hábito, la mayoría de las personas que lo hacen desconocen que podrían estar poniendo en riesgo su salud.

Es muy común que esta costumbre comience desde que somos pequeños, como una forma de aliviar los nervios, la desesperación o el estrés. Pero es importante saber que si no se deja a tiempo, podría convertirse en “onicofagia”.

La onicofagia puede volverse peligrosa si no se controla; pues la conducta compulsiva de moderse las uñas puede provocar lesiones físicas como el deterioro del esmalte dental, pérdida total de las uñas, infecciones en la piel y deformación de la cutícula.

A pesar de que estas consecuencias podrían parecer no tan destructivas, la historia no termina aquí. Cuando mordemos nuestras uñas rasgamos la piel que recubre las uñas y permitimos que las bacterias y los virus de nuestra saliva entren con facilidad a nuestro cuerpo, a través de las heridas.

Una vez dentro, las bacterias van al torrente sanguíneo y la posibilidad de una “sepsis” aumenta. La sepsis es una enfermedad de la sangre que además de alentar la circulación sanguínea, forma coágulos como defensa inmune, y deteriora los órganos vitales.

Con el poco flujo de sangre, los órganos comienzan a carecer de los nutrientes y oxígeno que necesitan, provocando que las toxinas de la sangre que no fueron filtradas por el hígado y el riñón, se almacenen, y puedan llegar a provocar un shock séptico que normalmente desencadena un ataque cardiaco.

La sepsis es tratable con antibióticos, reposo y chequeos médicos si se detecta a tiempo. Pero de no ser así, te podrían llevar a una intervención quirúrgica o una diálisis.

Algunos de los síntomas son la fiebre, escalofríos, ritmo cardiaco acelerado, confusión y desorientación y en ocasiones sarpullido.

Para conocer si padeces de sepsis, te recomendamos acudir al médico para realizarte un conteo de células blancas, el cual podrá determinar si estás en peligro o no.

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