Antonio Gutiérrez dio la vida por quienes más lo necesitaban: sus pacientes

En esta emergencia global, las personas del sector médico son las más vulnerables al ser de las primeras en contagiarse de coronavirus. Su ardua labor diaria por mantener con vida los pacientes de COVID-19 es admirable y digna de aplaudirse.

Pero su valor no los hace invencibles. Muchos médicos han perdido la vida a manos del mortal virus y Antonio Gutiérrez es un ejemplo de esto. Su entrega debe ser recordada.

Gutiérrez era coordinador médico en el centro de Salud de Eras de Renueva de Sacyl, de España. Tuvo un compromiso tan grande que, incluso antes de caer enfermo, dedicó 36 horas consecutivas para atender a pacientes con COVID-19. Cuando se contagió quiso continuar trabajando pero su cuerpo no resistió.

“Sin medios, sin nada, él estuvo trabajando 32 horas seguidas porque, simplemente, no había médicos”, contó su hija, Ana Gutiérrez a un medio de noticias local.

“Le llamé varias veces para que volviera a casa y él me decía que no podía, que tenía que quedarse, que había mucha gente y que tenía que estar allí porque no podían atender a todos y no se podía ir”, agregó.

Después de la agotadora jornada, el médico comenzó a sentirse mal, pero lo atribuyó al cansancio físico, pronto los síntomas de coronavirus se presentaron en Gutiérrez. Sufrió de fiebre arriba de 38.5 grados 48 horas después de terminar su turno. Según su familia él creyó que era una fiebre normal y tomó un tratamiento básico para ello.

Antonio quiso regresar a su puesto de trabajo para seguir atendiendo a sus pacientes pero no pudo. De acuerdo a palabras de su hija “la primer línea sanitaria del hospital no tenía el suficiente equipo de protección. No había batas o mascarillas, solo podían atender con guantes”.

Al empeorar de una simple gripe a una sintomatología de COVID-19 grave, el médico llamó a sus compañeros y “Solo le comentaron que tomara paracetamol y se quedara descansando” de acuerdo a palabras de Ana.

“Pese a ser personal de Sacyl nadie desplegó protocolo alguno para él, ni se le trató como personal de riesgo por haber estado en atención directa a pacientes con posible coronavirus. Él quería que se le hicieran pruebas y la respuesta fue la misma: paracetamol y cama”, añadió.

Ante la negativa y la salud de su padre empeorando con los días Ana tuvo que llevarlo a urgencias del Complejo Asistencial de León.

“Desde el aparcamiento hasta urgencias fue apoyado en mí y casi arrastrándose, casi no podía caminar” relataba su hija, quien la última vez que vio a su padre estaba realmente mal.

“Sé que estuvo ocho horas en urgencias hasta que se decidió su ingreso con una neumonía bilateral. No me volvieron a llamar. Todo lo que supe de mi padre en cuanto a evolución clínica fue a través de su médico de cabecera, que se prestó a informarnos viendo el historial en su ordenador”, continuó.

Tras su ingreso fue cuando le comentaron que su padre era positivo a COVID-19. Después 8 días de ingresar a urgencias, recibió una llamada que no esperaba, su padre estaba peor.

“Un compañero y amigo de mi padre, Fernando Burón, me llamó para decirme que subiera de forma urgente al Hospital, que mi padre incomprensiblemente había empeorado y que estaba muy mal”, dijo Ana.

Al llegar al hospital Ana se encontró con la peor noticia, su padre estaba siendo reanimado pero sin éxito. Antonio murió sin nadie que lo acompañara, salvo los médicos que tenía al rededor. Ana no tuvo oportunidad de despedirse de su padre pero lo recuerda como el héroe que fue en vida. Uno que dio hasta su último aliento para salvar a todos.

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