Cuentan ellas cómo han vivido su trabajo en tiempos del coronavirus

Desde hace 23 años Luisa toma su autobús para llegar al Hospital La Fe de Valencia en donde labora como personal de limpieza. Sin duda el miedo del contagio por COVID-19 es latente pero dice sentirse bien porque la gente desde sus balcones le aplauden y agradecen su trabajo. “En el hospital somos las invisibles de la vida” comenta.

Luisa no tiene gusto por su ocupación, simplemente es que lo ha hecho ya por tantos años que cuando lo hace, siempre piensa que está dando una oportunidad de vida a muchas personas.

Cuenta como ella se dedica a limpiar mesas o superficies que sabe que es donde las personas se apoyan de manera continua.

“A veces te meten prisa pero tú te llevas tu tiempo porque dices: Si yo estuviera aquí ingresada me gustaría que la habitación estuviese lo mejor posible”.

Sus compañeras le contaron que una vez una auxiliar le negó una mascarilla que necesitaba para trabajar, dice que están escasas y se racionan las pocas que hay.

“Hay gente que te mira y piensa que estás limpiando y ya, que no piensa que tú eres una persona. Hay gente así, por desgracia; creo que existe la discriminación”.

Luisa cree que la pandemia ha cambiado la percepción que la gente tiene por ella y sus colegas. En España se les aplaude a todos los que salen diariamente para contener la expansión del coronavirus.

“Es una cosa muy bonita, te llena. Sientes que la gente desde fuera te está apoyando, te da esperanza y fuerza para seguir adelante”.

La indumentaria con la que ella trabaja se limita a guantes, mascarilla y una solución de lejía con jabón, con el cual recorre hasta el último rincón de las habitaciones para limpiarlas. En cambio sus compañeros, que se tienen que introducir a las habitaciones de las personas contagiadas a realizar la limpieza, son los que cuentan con traje de plástico, doble guante, gafas y un gorro, que según el protocolo, se desechan al final de la consulta al paciente y se meten en una bolsa negra de basura para proceder a ser incinerados.

Cuenta que las personas que les tocan ir a las habitaciones se preparan y una se queda en la puerta para brindarle apoyo en caso de que el nervio les juegue malas pasadas y que al salir se apegen al protocolo de desinfección, apoyándose entre todos.

La dinámica en el hospital ha cambiado, comenta que ya no se juntan a platicar en sus tiempos muertos o estar cerca de sus compañeros. Cuando Luisa llega a su puesto, se viste con su traje y se dedica a limpiar el área que le fue asignada.

“Ahora me siento mal, es todo como surreal, en el trabajo nadie habla, es como si estuviéramos viviendo un sueño, te sientes que se te baja el ánimo. Ahora es todo más deshumanizado, te sientes sola”, comentó.

Luisa sufre del mismo miedo que todo el personal de un hospital al regresar a su hogar, que de alguna manera el virus haya entrado en ella y se lo pueda contagiar a su esposo o a sus dos hijos.

Al igual que ella, alrededor del mundo hay muchas personas que se dedican a la limpieza y ponen en riesgo su vida para mantener los sitios impecables y evitar que el contagio se siga expandiendo. Comparte esta nota para agradecer a estas heroínas invisibles.