Elegir una profesión como la de ser médico no es una tarea nada sencilla. Si bien sabemos que esta profesión puede dejar mucho dinero, se requiere más que eso. Se requiere de humildad, de pasión, de largas jornadas de trabajo y sobretodo de convicción y voluntad.

Así es la historia de Ivan Fontura, un médico pediatra de Brasil quien a sus 92 años de edad, continúa ejerciendo su profesión con todo el espíritu del mundo, con el fin de poder ayudar a los pequeños que más lo necesitan.

A pesar de que Ivan se jubiló hace muchos años (en el 2005) y de que podría estar fácilmente descansando en casa junto a su esposa Eva, quien es enfermera, ambos prefieren aprovechar cada día para atender de forma gratuita a los enfermos de una humilde comunidad.

Su pasión y amor por la medicina hacen de esta pareja un gran ejemplo a seguir. Pues pese a las largas y difíciles jornadas que realizan, ambos siguen entusiastas de poder ayuda aún sin recibir ningún tipo de remuneración, más que el agradecimiento de quienes son atendidos por ellos.

Desde hace más de 30 años, Ivan y Eva han apoyado a los niños del centro de salud Praia de Leste, ubicado en Pontal do Paraná, Brasil, haciendo que la gente de la comunidad les esté completamente agradecidos.

Además de ser una gran ayuda para los habitantes de esta comunidad, Iván ha sabido ganarse su confianza y su cariño pues es un gran hombre, carismático y humilde.

“Trabajaré hasta que no pueda. Quiero morir de pie. Físicamente sufro, trabajando sin parar, descansando sólo para tomar café, pero ser médico es eso. Después nos recomponemos y continuamos.” fueron las palabras de Iván.

El amor que siente Ivan hacia su profesión se debe a la visita de un cirujano cuando él aún era muy pequeño. Cuando Iván vio el cuidado y la atención que éste brindaba, supo que él quería hacer lo mismo que el médico…magia. Así fue como en 1951, a sus 24 años de edad, Iván egresó de la universidad convertido en un gran médico.

“Poco a poco, mientras estudiaba, siempre pensaba en ser médico. La medicina ha sido un trabajo duro, pero es una fuente de mucha alegría. Y esta es una paga mucho mejor. No ha habido un día en la historia médica que no haya aprendido nada diferente. La medicina te hace aprender, vivir momentos dramáticos y guardar todo para siempre.” dijo Iván.

Con una profesión en medicina por la Universidad Federal de Paraná, una maestría en la Universidad de California, un doctorado en La Soborna Francia, y más de 68 años de ejercicio, Iván continúa preparándose para brindar una mejor ayuda, sin pensar nunca en el dinero.

“Ya gané dinero para vivir. Siempre he estado conectado con los niños necesitados, socialmente, y quería continuar. Había una necesidad de ayudar aquí.”

Las fuerzas que necesita Iván nacen de su amor por ayudar a los niños que lo necesitan. Es gracias a ellos que se mantiene de pie siempre con la voluntad de mejorar sus vidas.

Aplausos para Iván y su esposa que dedican sus vidas para ayudar a otros.

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