Estar embarazada es un momento mágico, es una de las cosas más bonitas que nos pueden ocurrir en nuestras vidas, saber que una vida está creciendo dentro de ti.

Muchas parejas esperan hasta la semana 12 de embarazo para cerciorarse de que todo está bien, antes de comunicarlo a la familia y a los amigos. Un aborto es muy duro, pero tener que dar a luz un niño que ya no tiene vida, en el final del embarazo, es algo por lo que ninguna madre debería de tener que pasar.

Valerie Watts vive en Cokato, Minnesota, EEUU. Estaba en el noveno mes de embarazo, ella lo tenía todo preparado para la llegada de su bebé. Pero unos días antes del parto notó que algo raro pasaba. El bebé no se movía de una forma diferente.

Rápidamente acudieron al médico, pero ya era demasiado tarde. Ambos estaban destrozados.

Valerie no se sentía con la fuerza suficiente para deshacerse de las cosas de su hijo y la habitación del pequeño permaneció sin tocar.

Pero un día ella cambió de idea y organizó un mercado de segunda mano para vender las cosas de su niño ya que le recordaban continuamente que nunca iba a poder estar con su hijo. Fue entonces cuando un hombre llamado Gerald fue a su casa y se interesó directamente por la cuna y preguntó por el precio.

Pero ella tenía dudas, no sabía si quería desprenderse de ella, tenía sentimientos encontrados, pero Gerald estaba muy interesado y Valerie al final se decidió y se la vendió.

Él no sabía lo importante que era la cuna para Valerie
El hombre desconocía la importancia de la cuna para Valerie, ya que era el único recuerdo físico que todavía tenía de su hijo. Valerie había vendido toda su ropita, y el hombre pensó que lo hacía simplemente porque su hijo era mayor.

Pero la mujer de Gerald había hablado un poco con Valerie durante la venta y le preguntó cuántos años tenía su hijo actualmente, ella se quedó muy triste cuando conoció su historia.

Cuando subieron la cuna al coche fue cuando ella le contó a su marido la historia de Valerie. En ese momento el hombre comprendió la importancia que la cuna tenía para ella.

”Entonces decidimos devolverle la cuna”, contó Gerald al canal de noticia Fox9.

Pero sabía que la cuna no podría quedarse siempre en casa de Valerie, al menos de esa forma. Gerald trabajaba como carpintero y vio de inmediato la posibilidad potencial de construir un mueble con ella y construyó entonces una bella silla.

na semana después de su compra, Gerald regresó a la casa de Valerie con un regalo. Lo que antes era la cuna y un recuerdo doloroso, la convirtió en una preciosa silla que tuvo un lugar de honor en la casa.

Valerie se emocionó con el bonito gesto y comenzó a llorar cuando vio la bondad de Gerald.

Siempre hay personas con una generosidad maravillosa, ¿qué opinas de esta historia? déjanos tu opinión en comentarios.

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